lunes, 5 de mayo de 2014

PABLO: LA MISIÓN EGEA.

            En torno al año 48 d.C., Pablo regresó de Jerusalén a Antioquía con sus compañeros de viaje Bernabé y Tito. Bernabé era judío; Tito, gentil. Es el mismo Pablo quien nos informa de lo que había pasado en Jerusalén en Gal 2,1-10 [ , ]; su encuentro con las "columnas" de la iglesia de Jerusalén -Santiago, Cefas (Pedro) y Juan - había concluido con el resultado de que "dieron la mano en señal de comunión" a Pablo y Bernabé (Gál 2,9). Tal vez, lo más importante para Pablo fue el hecho de que, no obstante la oposición de palabra, no exigieron que Tito se circuncidara (Gál 2,3). Habían regresado a Antioquía para informar a las jóvenes congregaciones de Pablo. También constituían una mezcla de judíos (y, quizá, algunos prosélitos) y gentiles que, como Tito, no se circuncidaron al unirse al movimiento de Jesús. Las otras congregaciones judías de Antioquía, incluidas las de los seguidores de Jesús, mirarían con recelo a los grupos de Pablo. Después de todo, la integración con los gentiles -y, especialmente, el hecho de comer con ellos en las celebraciones religiosas- eran considerada por muchos como una violación de las leyes judías de pureza. Éste era el asunto que Pablo había llevado a Jerusalén, de donde regresó convencido de que había triunfado.

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