miércoles, 11 de septiembre de 2013

La Resurrección.

                Todos los evangelios están de acuerdo en que Jesús se levantó de la tumba al tercer día y se apareció a sus discípulos. Consideración histórica: Los evangelios difieren en muchos detalles. Sólo Mateo nos dice que se colocaron unos guardias en torno a la tumba. Para Marcos y Mateo, las apariciones posteriores a la resurrección acontecieron solamente en Galilea, mientras que para Lucas tuvieron lugar en Jerusalén y sus alrededores. Juan integra ambas localizaciones. Lucas también añade el dato de que Jesús estuvo presente durante cuarenta días más, después de la resurrección, antes de ascender al cielo (Hch 1,13-12 []) [Sanders, The Historical Figure of Jesus, pp. 276-283].

La muerte.

                    Todos los evangelios, y la mayoría de los testimonios antiguos (por ejemplo, Tácito), están de acuerdo en que Jesús fue ejecutado por Poncio Pilato, que fue gobernador de Judea desde el año 26 hasta el 36 d.C. Si tenía "unos treinta años" (Lc 3,23 []) cuando comenzó su ministerio, entonces podríamos datar su muerte ya en el año 26 o 27 d.C. En todo caso, no parece que tuviera lugar después del año 29 o 30 d.C. Todos los evangelios sitúan el acontecimiento cerca de la fiesta de la Pascua, pero con algunas diferencias notables. Consideraciones históricas: Los evangelios no se ponen de acuerdo sobre la causa del arresto y la ejecución, como tampoco sobre el papel que jugaron los diversos grupos judíos. Mc 11 [.,
, , ] sugiere que la casua fue la "purificación del templo" y que fueron los sacerdotes quienes estaban detrás de su eliminación (cf. Mc 15,11 [ , ]). Sin embargo, en el evangelio de Juan la "purificación" acontece dos años antes de la muerte de Jesús y no tiene ninguna vinculación con su detención (cf. Jn 2,13-22 []). Mt 21 [., ,
,
,
,
,
, ] parece indicar que la causa fue la "entrada triunfal" y que los principales instigadores fueron los sacerdotes conjuntamente con los fariseos (cf. Mt 21,45-46). Pueden apreciarse también otras muchas diferencias entre los relatos [Raymond E. Brown, The Death of the Messiah, 2 vols., Doubleday, Nueva York 1994, 2:1350-1378. Cf.,]. Para terminar, los especialistas difieren sobre quién fue realmente el responsable. Casi todos estarían de acuerdo en que en última instancia fue Pilato, en que la razón principal fue de carácter político (más que por "blasfemia" o herejía) y en que la mayoría de la población judía nada tuvo que ver con ello ni dijo nada sobre el asunto. Unos pocos aún estarían de acuerdo en que, tal vez, los jefes del templo podrían haber colaborado acusando a Jesús de "agitador" ante las autoridades romanas; sin embargo, la mayor parte de estos mismos autores no incluiría a los fariseos en este grupo. Resulta difícil explicar la celebración de un juicio, que duró toda la noche, ante el sanedrín durante la celebración de la Pascua, mientras que Lucas añade otro juicio ante Herodes Antipas [Ellis Rivkin, What Crucified Jesus: The Political Execution of a Charismatic, Abingdon, Nashville TN 1984; Paul Winter, On the Trial of Jesus, DeGruyter, Nueva York 21974; E. P. Sanders, The Historical Figure of Jesus, The Penguin Press, Allen Lane, Londres 1993, pp. 149-275].

Las Enseñanzas.

                 Todos los evangelios hacen de la enseñanza de Jesús, especialmente las parábolas, un aspecto central de su ministerio público. Consideración histórica: Los evangelios difieren a veces sobre lo que Jesús dijo exactamente o sobre las ocasiones en las que enseñó tal o cual cosa. Por ejemplo, en el evangelio de Mateo aparece un bloque importante de sus enseñanzas en lo que conocemos como el sermón de la montaña (Mt 5,1-7,28 [, ,
,
,
,
,
,
,
,
,
, , ]). Ninguno de los otros evangelios mencionan este sermón (cf. Lc 6,20-29; [+]). El debate académico se ha centrado, tal vez más que en cualquier otro asunto del estudio de los evangelios, en qué dichos o qué forma de un dicho determinado podrían atribuirse originalmente a Jesús. Encontramos un ejemplo evidente si comparamos el incendiario vocabulario apocalíptico de Mt 10,34-35 [, , , ] (cf. Lc 12,49-53 []) y la conocida bienaventuranza de "bienaventurados los pacíficos" (Mt 5,9 [, , ]) [Norman Perrin, Rediscovering the Teachings of Jesus, Harper & Row, Nueva York 1976].

Los Milagros.

                Sin lugar a dudas, uno de los aspectos más característicos que se nos dan sobre Jesús es que realizaba milagros, sobre todo curaciones. Incluso las polémicas rabínicas "admiten" este hecho, que explican como una superchería mágica. Consideración histórica: Desde la Ilustración, el escepticismo científico ha hecho que mucha gente se cuestione la realidad de los milagros. Por otra parte, en la investigación más reciente se ha reconocido que la magia y los milagros eran generalmente aceptados en el mundo antiguo. En aquella época existían otros judíos hacedores de milagros que consiguieron una fama semejante. En consecuencia, resulta históricamente más responsable examinar cada uno de los relatos de milagro para ver cómo presentan a Jesús a la luz de la cultura antigua. En ocasiones surgen dificultades porque los evangelios difieren sobre qué fue lo que ocurrió en un caso determinado (cf. Mt 9,20-22; Mc 5,25-34 [, , , ]) [Howard Clark Kee, Medicine, Mirachle, and Magic in New Testament Times, Cambridge University Press, Cambridge 1986, pp. 67-94].

Ministerio.

                   Sólo el evangelio de Juan nos dice que el ministerio de Jesús duró más de dos años, basándonos en el hecho de que recoge la celebración de tres Pascuas anuales después del inicio de su ministerio público (Jn 2,13; 6,4; 13,1 + 19,31 []. Sobre esta base se ha desarrollado la idea del tradicional "ministerio de tres años". Consideraciones históricas: Ninguno de los otros tres evangelios dice explícitamente cuánto duró su ministerio; sin embargo, sólo mencionan la única Pascua en la que murió Jesús. Sobre la base de un "ritmo" veloz de los acontecimientos, que se observa especialmente en Marcos, los especialistas han sugerido que su ministerio público duraría perfectamente menos de un año.

Juan el Bautista.

                        Todos los evangelios dicen que Jesús fue bautizado por Juan al comienzo de su ministerio. Consideraciones históricas: Lo que Josefo nos cuenta sobre Juan el Bautista, sin embargo, sugiere que era la "voz popular" más famosa de aquella época, y algunos especialistas han sugerido que Jesús fue inicialmente discípulo de Juan y sólo posteriormente (tal vez tras el ajusticiamiento de Juan por Antipas en ca. 27-28) se embarcó en su propio ministerio. De todos modos, no poseemos una certeza sobre el asunto [Paul W. Hollenbach, "John the Baptist", Anchor Bible Dictionary, 3:887-889].

lunes, 9 de septiembre de 2013

Lenguaje.

                        Ninguno de los evangelios nos dice explícitamente qué lengua hablaba Jesús. Aparte de la élite intelectual de los escribas, eran muy pocos los que en aquel tiempo sabían hablar, leer o escribir en hebreo bíblico. No hay ninguna prueba de que Jesús tuviera esa formación, aun cuando en una ocasión se le presenta leyendo un texto de las Escrituras (cf. Lc 4,16-20 []). Consideración histórica: El relato lucano de este suceso sólo nos presenta el texto en griego según la versión de los LXX, y la cita es una combinación de dos pasajes distintos de Isaías que se encuentran en capítulos diferentes. Los cálculos basados en los manuscritos antiguos típicos demuestran que es imposible que un hombre erguido sostenga un rollo abierto de tal modo que pueda ver estos pasajes simultáneamente. Desde hace mucho tiempo, los especialistas han sugerido que la lengua materna de Jesús era el arameo, que había sido la lengua semítica predominante en el Próximo Oriente antiguo desde el período babilónico y persa. Era la lengua común de la mayoría de los judíos que vivían en Judea y Galilea. El evangelio de Marcos indica que esús utilizaba frases en arameo de vez en cuando, sobre todo en la realización de los milagros. Por ejemplo, Josefo dice que escribió la primera edición de La guerra de los jduíos en arameo y luego ayudó a traducirla al girego [Josefo, La guerra de los judíos 1.3.]. Así que hablaba y leía el griego, pero no con tanta fluidez como deseaba. A la luz de los recientes descubrimientos de Séforis, también se ha sugerido que Jesús podría haber tenido cierto conocimiento del griego, puesto que Séforis posee claros signos de que en ella estaba extendido el uso de esta lengua [A. M. Meyers y J. F. Strange, Archaelogy, The Rabbis, and Early Christianity, Abingdon, Nashville 1981, pp. 62-91].

Educación.

                   Ninguno de los evangelios dice nada sobre la infancia o educación de Jesús, con la excepción del relato de Lc 2,41-52 [] (donde se nos cuenta la visita que hizo a Jerusalén cuando tenía doce años). Mc 6,3 [, ] dice que Jesús era carpintero, mientras que el paralelo de Mt 13,55 [., ] lo llama el "hijo del carpintero". Consideración histórica: La reciente investigación arqueológica ha mostrado que Nazaret era realmente una aldea satélite de un gran centro urbano llamado Séforis, que estaba a menos de seis kilómetros y era visible desde la aldea. La ciudad fue fundada por Herodes (ca. 30-15 a.C) y ampliada por su hijo Antipas (4 a.C-38 d.C); durante un tiempo fue la capital de Galilea. Esto ocurríría durante la adolescencia y la juventud de Jesús. Por tanto, los especialistas han sugerido que si Jesús (o su padre) trabajaba en la construcción como carpintero, es bastante probable que hubiera ido a Séforis habitualmente. Este contexto urbano en el que ubicaríamos los años adolescentes y juveniles de Jesús modifica nuestra comprensión de su trasfondo y lenguaje, considerados "típicamente" galileos. Sin embargo, los especialistas no se ponen de acuerdo sobre si su estatus como artesano o técnico especializado le habría colocado más alto o más bajo en la escala socioeconómica con respecto al campesinado rural. Un técnico especialista o artesano gozaba en el mundo romano de un estatus social más elevado que el de un campensino [John P. Meier. A marginal Jew: Rethinkins the Historical Jesus, 3 vols., Doubleday, Nueva York 1991-1998, 1:253-314; John Dominic Crosaan y Jonathan L. Reed, Excavating Jesus, Harper San Francisco, San Francisco 2001].

Localidad.

               Tanto Mateo como Lucas ubican el nacimiento en Belén (Judea), mientras que Jesús se crió en Nazaret (Galilea). Consideración histórica: Solamente Lucas nos refiere este hecho, haciendo que José y María viajen desde su casa en Nazaret hasta Belén como consecuencia del censo. Mateo parece indicar que José y María vivían en Belén en aquella época y sólo se dirigieron a Nazaret tras regresar de Egipto después de la muerte de Herodes y mientras Arquelao seguía aún en el trono (Mt 1,19-22 [, ]). En cualquier caso, parece evidente que la "ciudad natal" de Jesús fue Nazaret [Brown, The Birth of the Messiah, pp. 513-517].

Nacimiento.

                    Antes del año 4 a.C., durante los últimos años del reinado de Herodes, tal como se señala claramente en Mt 2,1-23 [ ,
, ]y también en Lc 1,5[]. Consideración histórica: El censo de Quirino, que hallamos en Lc 2,1-2, no puede reconciliarse con esta fecha, puesto que se llevó a cabo en el año 6 d.C., tras la destitución de Arquelao [Sobre los relatos de la infancia en general, cf. Raymond E. Brown, The Birth of the Messiah, Doubleday, Nueva York 1977. Digamos algo más sobre la bibliografía: sobre cada uno de estos temas he dado solamente una o dos referencias, aunque, ciertamente, podrían citarse numerosos libros y artículos sobre cada uno de ellos. Los que he señalado presentan, según mi punto de vista, un tratamiento científicamente equilibrado de las cuestiones históricas, al tiempo que comentan otros puntos de vista. También en ellos aparece una amplia bibliografía para quienes quieran profundizar en el tema].

DE JESÚS A LOS EVANGELIOS.

                     Aunque nuestro libro no trata principalmente de la búsqueda en cuanto tal, las cuestiones históricas suscitadas han estado en el centro del avance bíblico y teológico durante casi doscientos cincuenta años. Tienen, por tanto, implicaciones importantes para el modo en que deben, por tanto, implicaciones importantes para el modo en que debemos estudiar los evangelios y el Nuevo Testamento en general. Así pues, podemos comenzar con un resumen de la vida de Jesús tal como la cuentan los autores de los evangelios, al tiempo que tenemos en cuenta algunas de las cuestiones y problemas históricos que han ido surgiendo.

sábado, 7 de septiembre de 2013

LA BÚSQUEDA DEL JESÚS HISTÓRICO.

                        Lo que generalmente se conoce como la "búsqueda del Jesús histórico" constituye un reflejo persistente de estas consideraciones históricas. Esta búsqueda se inició como proyecto científico en el siglo XVII, cuando los primeros especialistas modernos comenzaron a analizar los relatos evangélicos a la luz de los descubrimientos arqueológicos y de las ideas ilustradas de la historia. Thomas Jefferson fue uno de los primeros pensadores que afrontó estas cuestiones en un libro que actualmente es conocido como The Jefferson Bible. Publicado en 1821, originalmente se titulaba The life and Morals of Jesus of Nazareht Extracted Textually from the Gospels in Greek, Latin, French, and English ["La vida e ideales morales de Jesús de Nazaret extraídos textualmente de los evangelios en griego, latín, francés e inglés"] [The Jefferson Bible, con una introducción realizada por F. Forrester Church, Beaco Press, Boston. En la p.32 se encuentra una reproducción facsimilar de la portada manuscrita original]. Jefferson partía del supuesto de que mediante la investigación y la interpretación podía llegarse a la conclusión de que los autores del evangelio habían incorporado sucesos y enseñanzas que no podían atribuirse históricamente al mismo Jesús. Ya en 1813 había descrito su proyecto a John Adams en los siguientes términos:

                     Debo limitarme en mi obra solamente a los evangelistas e incluso seleccionar de ellos únicamente las auténticas palabras de Jesús, eliminando las ambigüedades en las que ellos [los evangelistas] han llegado a caer... He llevado a cabo esta operación para mi propio provecho, eliminando versículo tras versículo del libro impreso y ordenando el material que es claramente suyo y que puede distinguirse como los diamantes en un estercolero [Carta a John Adams, 13 de octubre de 1813. Cita de The Jefferson Bible, p. 17.]

                 De este modo, Jefferson comenzó a identificar qué acontecimientos y enseñanzas de los evangelios eran auténticos y cuales no lo eran. Muchos otros se embarcaron en investigaciones similares, pero ninguno contó con un éxito total ante la opinión de la comunidad científica. Sin embargo, se produjo una creciente toma de conciencia de que los evangelios no eran solamente un relato diáfano de la vida, la enseñanza y la muerte de Jesús.

               Casi un siglo después de Jefferson, Albert Schwitzer escribió un libro en el que estudiaba los intrincados recovecos de este asunto en el campo de la investigación bíblica, dándole un nombre al proyecto. Publicada en Alemania en 1906, la obra se tradujo posteriomente al inglés con el título The Quest of the Historical Jesus: A Critical Study of Its Progress from Reimarus to Wrede [La búsqueda del Jesús histórico: Estudio crítico de su progreso desde Reimarus hasta Wrede][Su título original en alemán era De Reimarus hasta Wrede]. Uno de los sorprendentes resultados del análisis que hizo Schweitzer de más de un siglo de investigación era que la búsqueda para "descubrir" al Jesús histórico no había aportado resultados concluyentes. A partir de entonces podemos distinguir dos fases, más recientes, en la investigación bíblica, cuyo centro de interés ha sido la recuperación del Jesús histórico, y la investigación continúa aún.

viernes, 6 de septiembre de 2013

LOS CUATRO EVANGELIOS COMO FUENTES HISTÓRICAS..

                       Por tanto, ¿dónde encajan adecuadamente los evangelios cristianos en todo esto? Sin lugar a dudas, constituyen las fuentes más antiguas que poseemos sobre la vida y muerte de Jesús. Algunos son anteriores a Josefo o, al menos, contemporáneos suyos; casi todos son más antiguos que la obra de Tácito. Pero, no obstane, proceden de un período considerablemente posterior al mismo Jesús. El más antiguo es el evangelio de Marcos, que fue escrito en algún momento entre los años 69 y 75 d.C. 

TABLA CRONOLÓGICA DE LAS FUENTES ANTIGUAS.


                      Así pues, todos los evangelios proceden de un período de al menos cuarenta años -o toda una generación- después de la muerte de Jesús. De hecho, todos se compusieron después de la primera revuelta. El último, el evangelio de Juan, podría haberse compuesto un siglo después, dependiendo de cuándo lo fechemos. 

                     Los evangelios no son "historias" propiamente dicha o, al menos, no en el sentido que actualmente damos a este concepto. Más bien, caen dentro de la categoría literaria antigua conocida como "vidas" o "biografías", como las que se escribieron sobre Alejandro Magno y otros personajes famosos. En este tipo de literatura era bastante habitual enriquecer el relato con detalles fantásticos o románticos, algunos de los cuales podían ser ciertos o no. Muchas veces las fuentes eran tradiciones orales, leyendas y exageraciones que se desarrollaron para explicar la fama o persona que el personaje tendría posteriormente. Así, por ejemplo, se convirtió en tópico de las biografías tardías de Alejandro Magno atribuir su nacimiento a una concepción milagrosa, acompañada por una serie de signos y portentos, con el objetivo de demostrar que el recién nacido iba a ser una persona dotada de poderes divinos [Plutarco, Alejandro 2.1-3.2]. Un relato semejante se deslizó posteriormente en algunas versiones de la vida de Augusto [Suetonio, Augusto 2.94.1-7]. Esta hipérbole o exageración procede claramente de un tiempo en el que Augusto ya había muerto, cuando sus logros se habían transformado en objeteo de veneración dentro del culto imperial. De igual modo, los evangelios se escribieron como "vidas" de Jesús en cuanto fundador del movimiento cristiano. Por tanto, son un producto de la reflexión posterior sobre su vida a la luz de la importancia que los creyentes posteriores le atribuyeron. En este sentido, son expresiones de la fe de aquellos primeros cristianos que contaron y volvieron a contar el relato de Jesús en las últimas décadas del siglo I.

                  Por consiguiente, desde un punto de vista histórico, hemos de ser constantemente conscientes de varias consideraciones metodológicas importantes a la hora de estudiar los evangelios. En cierto modo, se aplican a toda obra narrativa antigua que presenta acontecimientos  pasados, tal como hemos hecho en nuestro estudio de las polémicas judías y de Josefo.

                   1. Hemos de ser siempre conscientes del tiempo en que se escribió el relato con respecto al tiempo de los acontecimientos reales que pretende describir. Ciertamente, el trabajo resulta mucho más fácil cuando conocemos inequívocamente la fecha de un determinado escrito. Aun así, la mayoría de las fuentes antiguas (y también algunas modernas) nos dan algunas claves sobre la perspectiva desde las que fueron escritas, lo que nos conduce a otras cuestiones históricas.

                  2. ¿Cuál es la posición o la pespectiva desde la que el autor vuelve a contar los acontecimientos? ¿Hay algún indicio de que existan perspectivas posteriores o una nueva información?

                  3. ¿Cuál era el contexto o el objetivo del escrito? ¿Cómo funcionaba el relato en su propia época y posteriormente?

                  4. ¿Cuáles eran las fuentes del autor y cómo se utilizaron?

                  5. A partir de las respuestas a las preguntas anteriores podemos comenzar a preguntarnos si el relato es un informe preciso del acontecimiento anterior en todos los aspectos o si existe algún tipo de "interpretación" que se haya colocado en el relato para que fuera más inteligible de acuerdo con la situación o programa del autor.

                 Por tanto, a fin de cuentas, siempre nos preguntamos simultáneamente dos cuestiones históricas de igual importancia: ¿Qué ocurrió realmente? y ¿por qué un escritor posterior contó la historia de lo que ocurrió de un modo determinado? No podemos esperar responder a cada una de estas cuestiones sin afrontar las dos. En ambos casos, y en toda investigación histórica, el asunto más importante es el contexto -el contexto original de un acontecimiento, como también el contexto de aquellos que contaron la historia de ese acontecimiento en generaciones posteriores-. No tratamos de negar la perspectiva de fe de los evangelios (o de cualquier otra obra religiosa) ni de descartarla a favor de una arbitraria idea de la historia, sino todo lo contrario. Sólo conociendo la fe y los objetivos de los autores y sus destinatarios podemos llegar a comprender sus escritos.

jueves, 5 de septiembre de 2013

LAS ANTIGUAS FUENTES SOBRE JESÚS.

                     En las fuentes judías y cristianas, por otra parte, encontramos más dificultades sobre este particular. Aunque tienden a darnos considerablemente mucha más información, están inherentemente sesgadas por su posición a favor o en contra de la comprensión religiosa de Jesús. Ningún tipo de presentación sesgada puede juzgarse por las apariencias, especialmente si se trata de informarnos sobre acontecimientos del pasado. Y ahí es donde se encuentra la dificultad, pues ninguna de estas fuentes procede de la misma época de Jesús. Tampoco poseemos documentos judiciales contemporáneos, ni siquiera unos informes ocasionales, sobre lo que ocurrió. Todos los relatos proceden de décadas e incluso de siglos posteriores a lo sucedido. Jesús no escribió nada ni dejó prueba arqueológica alguna en el paisaje de Judea. Es como si nadie se hubiera preocupado realmente por conservar algún tipo de información en aquella época, sino que fue posteriormente, al empezar a tener éxito el movimiento, cuando se empezó a reflexionar sobre la vida de Jesús, sobre lo que le ocurrió y las razones de lo acontecido. Pero entonces, conforme pasaba el tiempo y el movimiento cristiano se iba organizando mejor, el "porqué" se hizo cada vez más el objeto de los intereses apologéticos y la interpretación teológica. Aún después, cuando entre los judíos y los cristianos se incrementó el conflicto sobre la identidad de Jesús, los textos judíos adoptaron una posición polémica para contrarrestar las pretensiones cristianas. Por tanto, estas fuentes posteriores -entre las que debemos incluir los evangelios- reflejan ideas y cuestiones que no pertenecían a la época de Jesús ni al momento de su muerte.

                   Podemos ver un buen ejemplo en algunas polémicas judías posteriores seleccionadas de la literatura rabínica. Nunca negaron la vida y la muerte de Jesús, ni tampoco que había tenido seguidores. Más bien, estas fuentes afirmaban que había nacido fuera del matrimonio, que era natural de Egipto, donde había aprendido las artes mágicas, que engaño a las masas con su magia y sus falsas enseñanzas, que fue procesado y ejecutado por hereje y revolucionario en tiempos de Pilato y que tuvo cinco discípulos que siguieron practicando la magia negra en su nombre [Esta sucinta síntesis de la polémica se basa en un resumen de los extractos de la Misná y el Talmud realizado por R. T. Hereford, Christianity in Talmud and Midrash, Williams & Norgate, Londres 1903, pp. 348-349]. ¿Cómo deberíamos evaluar la fiabilidad histórica de estas afirmaciones? Resulta bastante evidente que cada una de ellas constituye un tipo de negación de alguno de los elementos consolidados que encontramos en los evangelios cristianos -el "nacimiento virginal" era un enmascaramiento de que el hijo era ilegítimo-; en lugar de los milagros, Jesús practicaba el engaño y la magia negra; etc [Cf. Howard Clark Kee, Jesus in History: An Approach to the Study of the Gospels, Harcourt Brace, Orlando 1996, pp. 47-52]. Por consiguiente, estas afirmaciones no suministran ninguna información histórica novedosa o valiosa y pueden explicarse como una reacción secundaria más que como un "hecho" primario.

                  Por otro lado, Mt 28,11-15 [., ] refleja claramente un esfuerzo semejante por parte de los cristianos. El relato trata de los guardias colocados en la tumba de Jesús, que fueron sobornados para que dijeran que su cuerpo había sido robado. Pero este relato se encuentra solamente en Mateo y concluye con un comentario del narrador: "Y esta historia se cuenta aún entre los judíos hasta el día de hoy". Por tanto, el autor nos da, inconscientemente, una clave que refleja un esfuerzo por refutar las polémicas judías posteriores que habían comenzado a circular en la época en que se escribió el evangelio. También se trata de una reacción secundaria, no de un hecho primario.

                En otras fuentes antiguas encontramos un problema diferente, concretamente la manipulación posterior de los textos para que apoyaran ciertas ideas. Puede verse este problema en un famoso pasaje de Josefo. Puesto que constituye una fuente importante para la historia judía del período antiguo y fue testigo ocular de la primera revuelta, se ha especulado  bastante sobre su posible conocimiento de Jesús. El pasaje, conocido como Testimonium Flavianum, procede de su obra Antigüedades de los judíos 18.63-64:

              Por aquel tiempo existió un hombre sabio, llamado Jesús, si es lícito llamarlo hombre, porque realizó grandes milagros y fue maestro de aquellos hombres que aceptan con placer la verdad. Atrajo a muchos judíos y muchos gentiles. Era el Cristo. Delatado por los principales judíos, Pilato lo condenó a la crucifixión. Aquellos que antes le habían amado no dejaron [de seguirle], porque se les apareció al tercer día resucitado; los profetas habían anunciado éste y mil otros hechos maravillosos acerca de él. Desde entonces hasta la actualidad existe la agrupación de los cristianos.

             Josefo escribió las Antigüedades de los judíos a mediados de los años noventa d.C; sin embargo, el pasaje citado se considera ampliamente como una falsificación cristiana, bien en su totalidad o en parte, que fue insertado siglos más tarde [Louis H. Feldman, "Josephus", Anchor Bible Dictionary, 3;999-992; Everett Ferguson, Backgrounds of Early Christianity, Wm. B. Eerdmans, Grand Rapids 1993, pp. 457-460]. Casi todos los especialistas están de acuerdo en que la parte señalada en negrita es una interpolación cristiana; con respecto a lo demás, hay autores que lo ponen en duda, mientras que otros lo aceptan. Son varias las razones que justifican esta tesis. Las secciones paralelas de La guerra de los judíos, también de Josefo, no mencionan a Jesús, y los escritores cristianos del siglo III d.C., que aumentaron la parte correspondiente en Antigüedades, no se dieron cuenta de ello. De haberlo encontrado, lo habrían utilizado de buena gana para probar las pretensiones cristianas. En cambio, estos mismos escritores, sobre todo Orígenes, admitían que Josefo no creía en Jesús [Orígenes, Comentario sobre Mateo 10.17; Contra Celso 1.47.]

             Por otra parte, hay otro pasaje en las Antigüedades que hace referencia a un suceso acontecido en el año 62 d.C. bajo el sumo sacerdocio de Anano. Se trata del juicio y condena a muerte del líder cristiano Santiago, a quien Josefo describe como "el hermano de Jesús, que era llamado el Cristo" [Antigüedades 20.200]. Puesto que son pocos los especialistas que dudan de la autenticidad de este pasaje, éste indicaría que Josefo sabía lo de Jesús o, por lo menos, que había oído las afirmaciones que los cristianos hacían sobre él. Por tanto, parece que las porciones no señaladas en negrita del Testimonium Flavianum podrían ser auténticas. No obstante, podría interpretarse como una afirmación despectiva: "Pues realizaba portentos absurdos, un maestro de gente que aceptaba con gusto lo extraordinario y que convenció a muchos judíos y también a muchos gentiles". Cada una de las partes refleja claramente alguna de las tradiciones primitivas sobre Jesús, aunque cada una lo hace de un modo que posee un tono negativo [Feldman, "Josephus", 3:991. Decir, por ejemplo, que había "gente que aceptaba -lo inusual- con placer" es un modo de llamarlos atolondrados o simplones. De hecho, Josefo utiliza varias veces en este sentido el término "placer" en esta sección de Antigüedades. De igual modo, muchos lectores de Josefo no se han percatado de que la palabra "verdad" (en lugar de "inusual") no se encuentra en los manuscritos originales de Josefo.] Si bien nos suministra una corroboración más sobre la existencia de Jesús y la consciencia de sus seguidores a finales dels iglo I, apenas nos dice nada más sobre él.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

UNA IRONÍA EN EL OJO DEL HURACÁN.

                      Podemos empezar con algunos datos básicos. Que Jesús fue un personaje real de la historia judea del Siglo I es un tema que ya ha dejado de ponerse en cuestión, como sí se hacía en otro tiempo. Las fuentes posteriores de los diversos campos en confrontación -romanas, judías y cristianas- muestran que, desde todos los ángulos, se reconoce su vida y su muerte. El historiador romano Tácito, escribiendo en torno al año 117 d.C., expresa con toda claridad algunos hechos básicos en estado puro. Al hablar del enorme incendio que en el año 64 d.C. devastó Roma, Tácito dice:

                     Nerón se inventó unos culpables y ejecutó con refinadísimos tormentos a los que, aborrecidos por sus infamias, llamaba el vulgo cristianos. El autor de este nombre, Cristo, fue mandado ejecutar con el último suplicio por el procurador Poncio Pilato durante el Imperio de Tiberio, y reprimida, por de pronto, la perniciosa superstición, irrumpió de nuevo no sólo por Judea, origen de este mal, sino por la urbe misma, a donde confluye y se celebra cuanto de atroz y vergonzoso hay por dondequiera (Anales 15.44).

                    Como muestra este texto, en tiempos de Tácito los cristianos se habían convertido en una realidad conocida en Roma; el autor no estaba impresionado ni tampoco a su favor. Tampoco le gustaban demasiado los judíos [Sobre la actitud de Tácito hacia los judíos, cf. Historias 5.5.]. Por consiguiente, no hay razones para pensar que hubiera manipulado en ciertos aspectos los hechos sobre los que informa. No obstante, aunque confirma los hechos básicos relativos a la muerte de Jesús bajo el poder de Pilato, apenas nos dice algo más, por lo que Jesús permanece como un enigma.

INTRODUCCIÓN.

                   Jesús no vino a fundar una nueva religión y, sin embargo, una nueva religión, el cristianismo, se fundó en su nombre, o, mejor dicho, en su memoria. En esta sección indagaremos en el modo como empezó todo. La fe en Jesús era central para el nuevo movimiento desde sus comienzos, desde los días y años oscuros que siguieron a su muerte. Irónicamente, en este punto es donde comienza la historia o el relato, es decir, con la muerte de Jesús. Jesús era un judío que nació en los últimos años del reinado de Herodes, en algún momento anterior al año 4 a.C. Murió como un delincuente a manos del gobernador romano de la provincia de Judea, Poncio Pilato. Como en el caso de su nacimiento, sólo podemos establecer de forma aproximada la fecha de su muerte; probablemente moriría al principio de los pocos años que duró la administración de Pilato, es decir, en torno a los años 26-29 d.C. Desde entonces las cuestiones dominantes han sido: "¿Qué ocurrió?" y "¿por qué?". Pero no son nada fáciles de responder.