domingo, 16 de marzo de 2014

¿"Conversión" o "llamada"?

                   Es claro que Pablo tuvo una experiencia profunda. También nos da algunas pistas sobre la forma en que la interpretó en la frase "cuando Dios, que me había separado antes de nacer y de llamarme por su gracia" (Gál 1,15). La expresión que adopta aquí es muy parecida a la que encontramos en dos pasajes de los profetas hebreos Jeremías e Isaías:

                  Jr 1,4-5:
                  Entonces me dirigió Yahvé la palabra en estos términos: "Antes de haberte formado yo en el vientre, te conocía, y antes de que nacieses, te tenía consagrado; te constituí profeta de las naciones [gentiles]".

                 Is 49,1-6:
                 Escuchadme, habitantes de las islas; atended, pueblos lejanos: El Señor me llamó antes de nacer; desde las entrañas de mi madre pronunció mi nombre. Convirtió mi boca en espada afilada, me escondió al amparo de sus manos; me transformó en flecha aguda y me guardó en su aljaba. Me dijo: "Tú eres mi siervo Israel, en quien seré glorificado".

                Pero yo dije: "He trabajado en vano, he gastado mis fuerzas para nada; sin embargo, el Señor defendía mi causa, Dios guardaba mi recompensa". Escuchad ahora lo que dice el Señor, que me formó en el vientre como siervo suyo para que le trajese a Jacob y le consagrase a Israel. Yo soy valioso para el Señor y en Dios se halla mi fuerza. El dice:
               "No sólo eres mi siervo
               para restablecer las tribus de Jacob
              y traer a los supervivientes de Israel,
              sino que te convierto en luz de las naciones [gentiles]
              para que mi salvación llegue hasta los confines de la tierra".

              En los dos pasajes se utilizan las expresiones "apartar", "consagrar" o "llamar" antes del nacimiento (o "desde el vientre materno") para referirse a la llamada que Dios hace al profeta [Los pasajes de Jeremías señalan más directamente a la propia comprensión del profeta como resultado de una experiencia de "llamada". Sin embargo, el de Isaías procede de uno de los denominados cánticos del siervo sufriente. Este "siervo" se ha interpretado como alusión al mismo profeta, al rey de Israel (símbolo del pueblo elegido), o a la misma nación, como una especie de "pueblo profético" cuya función consiste en proclamar su alianza con Dios como una llamada al resto de los pueblos de la tierra. Sólo mucho tiempo después llegarían a reinterpretarse estos mismos cánticos del siervo sufriente con referencia a Jesús como el mesías sufriente]. Con otras palabras, las expresiones de Pablo sitúan la interpretación de su experiencia totalmente dentro de la concepción judía.

            Pablo se consideró como un agente especial llamado por Dios para realizar una determinada tarea, que consistía, según el vocabulario de Isaías y Jeremías, en servir como profeta, o "luz", para las naciones. Pero también hemos de recordar que el término "naciones" en griego, tal como lo utilizan los LXX y Pablo, es sinónimo de "gentiles". Por consiguiente, parece que Pablo entendió que su misión era ser el mensajero designado por Dios para cumplir las profecías de Isaías y Jeremías. Esto lo sitúa totalmente dentro de su herencia judía, aun cuando predicara a los gentiles. También significa que no tiene sentido que hubiera abandonado el judaísmo para convertirse en seguidor del movimiento de Jesús o para llegar hasta los no judíos. Por esta razón, muchos especialistas prefieren definir la experiencia de Pablo como una "llamada" o "vocación" en lugar de "conversión" [Actualmente es la opinión más aceptada; cf. Koester, History and Literature of Early Christianity, p.108]. Si utilizamos el término "conversión", éste ha de entenderse únicamente en un sentido sectario; Pablo no se había "convertido" desde el judaísmo. Más bien, se había "convertido" simplemente desde una de las sectas del judaísmo, el grupo de los fariseos, a otra, al mismo tiempo que seguía compartiendo la misma visión del mundo y el mismo conjunto de valores. En esta perspectiva, Alan Segal considera a Pablo como una especie de "buscador religioso" que, progresivamente, llegó a darse cuenta de que el grupo al que había perseguido como forma aberrante del judaísmo era, después de todo, la auténtica [Alan F. Segal, Rebecca´s Children, Harvard University Press, Cambridge 1986, p. 104; cf., también, su obra Paul the Convert; The Apostolate and Apostasy of Saul the Pharisee, Yale University Press, New Haven 1990.] 

domingo, 2 de marzo de 2014

La experiencia de Jesús que tuvo Pablo.

                      Por estas mismas razones, hemos de considerar como una elaboración legendaria el relato de los Hechos sobre la luz cegadora en el camino de Damisco. No obstante, Pablo tuvo algún tipo de experiencia visionaria de Jesús resucitado, y, sin lugar a dudas, fue este suceso el que hizo que se convirtiera en seguidor del movimiento. Pablo alude a esta experiencia en dos de sus cartas, Gálatas y 1 Corintios.

Gál 1,15-16.

15Y cuando aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia se dignó 16revelarme a su Hjo para que yo lo anunciara a los paganos, no consulté con nadie de carne y hueso ni tampoco[Traducción de la Nueva Biblia Española.]

1 Cor 15,5-9.

5que se apareció a Pedro y más tarde a los Doce. 6Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez: la mayor parte viven todavía, aunque algunos han muerto. 7Después se le apareció a Santiago, luego a los apóstoles todos.
                   8Por último se me apareció también a mí, como al nacido a destiempo. 9Es que yo soy el menor de los apóstoles; yo, que no merezco el nombre de apóstol, porque perseguía a la Iglesia.  [Traducción de la Nueva Biblia Española.]

              Los términos que Pablo utiliza en estos textos para referirse a la naturaleza de su experiencia son importantes. En Gálatas usa el verbo "revelar" (en griego apokalysai), que procede del sustantivo "apocalipsis" o "revelación". A la luz de su contundente afirmación de que "no pidió consejo a hombre alguno", podemos interpretar esta experiencia como una visión apocalíptica de algún tipo. En 1 Corintios utiliza el término "apareció" (opthe), que es más genérico; sin embargo, emplea la idéntica forma verbal en los versículos precedentes para describir las apariciones de Jesús resucitado a Pedro, Santiago y los quinientos. Se recordará que éste es el mismo pasaje que hemos comentado anteriormente...

... en el que Pablo repite la tradición oral más antigua sobre Jesús. Por tanto, a partir de este contexto, el uso de la palabra "aparecer" debe tener el sentido de una "epifanía" o una visión de Jesús resucitado [El mismo término se utiliza en este sentido en la versión de los LXX de Jue 13,3, donde encontramos una aparición angélica; cf. Nm 14,3.15. Pablo emplea estas dos mismas palabras combinándolas en 2 Cor 12,1; cf. infra.].

                     Desafortunadamente, no nos dice nada más, y algunos autores han recurrido a injustificadas explicaciones de tipo psíquico. Ahora bien, estas explicaciones no son necesarias. Pablo indica que estaba perfectamente habituado a este tipo de visiones reveladoras, en sintonía con el ambiente apocalíptico y mágico del que procedía. Así, por ejemplo, cuando fue a Jerusalén por segunda vez para tratar del asunto de los gentiles con Pedro y Santiago, dice que subió "movido por una revelación" (Gál 2,2). En otro lugar afirma que había tenido "visiones/apariciones y revelaciones" (2 Cor 12,1), tras lo cual describe una de estas experiencias en la que fue "llevado hasta el tercer cielo" y vio el paraíso (2 Cor 12,2-5),. Esta última descripción es muy afin a la tradición apocalíptica judía de las ascensiones y visiones celestiales [J.D. Tabor, Things Unutterable: Paul´s Ascent to Paradise in Its Greco-Roman, Judaic, and Early Christian Contexts, University Press of America, Lanham (MD), p. 1986; M. Himmelfarb, Ascent to Heaven in Jewish and Christian Apocaliypses, Oxford University Press, Nueva York 1993, pp. 107-110. Cf., también, el capítulo 4. Puesto que Pablo introduce esta información diciendo "hasta catorce años", se ha identificado erróneamente esta visión con su conversión. Más bien, parece tratarse de dos sucesos totalmente diferentes].

sábado, 1 de marzo de 2014

El trasfondo judío de Pablo.

                Pablo hace claramente gala de su judaísmo en varias cartas: "Circuncidado al octavo día, miembro del pueblo de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo nacido de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; con respecto a su celo, perseguidor de la Iglesia; en cuanto a la justicia de la ley, intachable" (Flp 3,5-6; cf. 2 Cor 11,22; Rom 11,1).En más de una ocasión habla del celo que sentía por la fe judía, por la que, con rectitud de conciencia, había persguido inicialmente al movimiento de Jesús (cf. Gál 1,13; 1 Cor 15,9), un dato que está de acuerdo, al menos en líneas generales, con el relato de Hechos.

              Aunque en una ocasión dice que era fariseo con respecto a la interpretación de la Torá (Flp 3,5), no da ninguna indicación de que hubiera estudiado con famosos maestros fariseos de Jerusalén, como, por ejemplo, Gamaliel (tal como sugiere Hch 22,3). Sin embargo, Pablo no dice que tuviera alguna vinculación con las autoridades judías de Jerusalén para perseguir a la Iglesia y solamente cuenta que tuvo lugar en Damasco. Nunca habla de Tarso como su lugar de nacimiento (cf. Hch 21,39; 22,3), ni dice que fuera ciudadano romano (cf. Hch 16,21.37-38; 22,25-29; 23,27). Las penalidades que tuvo que sufrir a manos de las autoridades romanas ( 2 Cor 11,24-25) no son propias de quienes poseían la ciudadanía romana. Estas evidentes diferencias con respecto al relato de Hechos ha conducido a que muchos especialistas pongan en cuestión la ciudadanía romana de Pablo, aun cuando probablemente habría sido un ciudadano de Tarso. (1).

(1). La intención de Hechos es clara, aun cuando la terminología no lo sea tanto. Cf. A. N. Sherwin-White, Roman Law and Roman Society in the New Testament, Oxford University Press, Oxford 1963, pp. 144-162. El término técnico para referirse a la "ciudadanía" (politeia) sólo se utiliza una vez, en Hch 22,28, y en este caso se trata de una referencia al centurión que arresta a Pablo. Todas las alusiones al estatus de Pablo son implícitas (como en su réplica al centurión en Hch 22,28) o utilizan un término diferente que simplemente significa "romano" (romaios), sin que siempre indique una auténtica ciudadanía (cf. Hch 2,10; 25,16; 28,17). Para una valoración más escéptica, cf. Helmut Koester, Introduction to the New Testament, vol. 2: History and Literature of Early Christianity, DeGruyter, Nueva York y Berlín 2000, p. 107; Betz, "Paul", 5:187.

                   

viernes, 28 de febrero de 2014

La "conversión" o "llamada" de Pablo.

       La cuestión de cómo llegó Pablo a convertirse en un seguidor del movimiento de Jesús ha inspirado innumerables obras de arte y múltiples ideas sobre cómo tendría que ser una auténtica conversión. En Hechos encontramos tres relatos diferentes, que incrementan su carácter dramático e importancia. El primero y más extenso se encuentra, en forma de narración de lo acaecido, en Hch 9,1-31 []. Luego, en los capítulos posteriores, se hace que Pablo repita nuevamente el episodio, una vez durante su arresto en Jerusalén (Hch 22,6-21 []) y, después, en Cesearea, durante el juicio ante el gobernador Festo y el tetrarca judío Agripa II (26,12-20). En estas dos ocasiones, el relato forma parte del discurso de Pablo. Aunque existen algunas discrepancias inexplicables incluso entre los tres relatos, la historia básica es la siguiente:

      Pablo (que entonces se llamaba Saulo) se había convertido en un terrible enemigo de los primeros seguidores de Jesús en Jerusalén. Había obtenido la autorización de los dirigentes judíos de Jerusalén para ir a Damasco y arrestar a los seguidores de Jesús de allí. Mientras iba de camino tuvo la experiencia de una luz cegadora y oyó una voz del cielo que, en seguida, se identificó como "Jesús, a quien tú persigues" (Hch 9,5; 22,8; 26,15). Ciego y conducido hasta Damasco por sus compañeros, Pablo se encontró con un hombre llamado Ananías, que era seguidor de Jesús, a quien se le había ordenado en una visión que fuera atender a Pablo. Como consecuencia de su atención y de su enseñanza, Pablo se bautizó y se transformó en un defensor de Jesús, con el mismo celo que antes había mostrado en su contra.

      A partir de esta versión más tardía que encontramos en Hechos se ha denominado "conversión" a la experiencia de Pablo. De perseguidor de la fe pasó a ser su más ardiente y eficaz defensor gracias a la visión que tuvo de Jesús resucitado. De acuerdo con esta versión, Pablo aparece destacadamente como el "primer cristiano" o, al menos, el "converso" más importante, porque a continuación viene a personificar la experiencia de los conversos gentiles al mismo tiempo que forja una forma del movimiento predominantemente no judía. De este modo, se convierte en el  héroe de la segunda parte de Hechos.
    El propio relato que hace Pablo de su experiencia es menos dramático y, desgraciadamente, muy parco en detalles. No obstante, nos da una información importante sobre su piedad judía anterior a la conversión y sobre lo que pensaba que había ocurrido en el proceso. Algunos aspectos de su descripción tienen un fuerte parecido con el relato de Hechos, pero hay otros que no.

lunes, 17 de febrero de 2014

Cronología del ministerio de Pablo.

           Como ocurre con la mayor parte de nuestras fuentes antiguas, poseemos muy pocos datos concretos que nos permitan trazar una cronología exacta de la vida o el ministerio misionero de Pablo. Las fechas que habitualmente utilizan los especialistas de Nuevo Testamento proceden de un sistema de cálculos basados en las afirmaciones autobiográficas que Pablo en Gál 1-2 [Cf. John Knox, Chapters in a Life of Paul, Abingdon, Nashville 1950; Robert Jewett, A Chronology of Paul´s Life, Fortress, Filadelfia 1979]. En estos capítulos nos da dos indicaciones temporales aproximativas sobre sus visitas a Jerusalén; concretamente, "después de tres años" (Gál 1,18) y "al cabo de catorce años" (Gál 2,1). 

Carta a los Gálatas.

            Estas visitas también nos ayudan a distinguir las etapas principales de su ministerio (como puede verse en el cuadro 7.3


                           Ahora bien, esta aproximación temporal resulta inútil si no tenemos en cuenta algunas fechas concretas. Afortunadamente, parece que en Hch 18,12 [12 Siendo Galión procónsul de Grecia, los judíos arremetieron a una contra Pablo, lo condujeron al tribunal] encontramos una fecha clave; concretamente, que Pablo tuvo que comparecer ante un tal Galión, que era el procónsul romano de la provincia de Acaya (sur de Grecia). Puesto que Corinto era la capital de Acaya, esta afirmación encaja perfectamente con las circunstancias históricas que se reflejan en Hch 18 [

] y en la correspondencia con los corintios, aun cuando nunca menciona el asunto de Galión.

                       Un dato adicional que corrobora este testimonio procede de varios fragmentos de una inscripción encontrada en Delfos entre los años 1895 y 1905; contiene una carta enviada por el emperador Claudio (41-54 d.C) a esta ciudad en la que menciona el mismo nombre de Junio Galión, a quien se refiere como "mi amigo y procónsul de Acaya" [Inscripción publicada por W. Dittenberger, Sylloge Inscriptionum Graecarum, S. Hirtzelium, Leipzig 1915-1924, nº 801 D. Importantes estudios sobre el texto y su fecha pueden encontrarse en F.J Foakes Jachson y K. Lake, The Beginning of Christianity, part I: The Acts of the Apostles, 5 vols., Macmillan, Londres 1920-1933, 5:460-464; Adolf Deismann, Paul: A Study in Social and Religiosus History, Harper, Nueva York 1927, reimpresión Harper Torchbooks 1957, pp. 261-286; y C. K. Barrett, The New Testaments Background, Harper San Francisco, San Francisco 1989 (ed. rev.) pp. 51-52.] Una vez restaurado, el texto de esta inscripción diría lo siguiente:

                   Tiberio [Claudio] César Augusto Germánico, [Pontíficie Máximo, investido de tribunicia] potestad [año duodécimo, aclamado emperador por] vigésima sexta vez, padre de la patria, [cónsul por quinta vez, censor, saluda a la ciudad de Delfos].

                   Desde hace tiempo he amado a la ciudad de Delfos [y la he favorecido desde el] comienzo, y he practicado siempre el culto de la [Pitia] de Apolo, [pero con respecto a] los sucesos actuales y aquellas peleas de los ciudadanos sobre las que [Lucio me ha informado] Junio Galión, mi amigo y [pro] cónsul [de Acaya]...

                   Este Lucio Junio Galión Novaciano era el hermano del filósofo Séneca, consejero político y ministro del emperador Nerón. Su nombre de pila era Lucio Anneo Novatus; fue adoptado por la familia senatorial de Junio Galión y se embarcó en la carrera política de un aristócrata romano empezando con el rango de procónsul de una provincia prestigiosa. Esta inscripción imperial es extremadamente valiosa por la información histórica que suministra, puesto que nos da una fórmula cronológica precisa que se basa en los títulos y los años de reinado del emperador. Con esta información, podemos fechar con toda seguridad la inscripción entre el 25 de enero y el 1 de agosto del año 52 d.C. puesto que un procónsul detentaba el cargo normalmente un año, o en ocasiones dos, nos es posible deducir que Galión fue destinado a Corinto durante los años 51-52 d.C [Es posible que hubiera llegado como muy pronto a finales de los años 50, pero no antes; también podría haber llegado en la segunda mitad del año 51]. El libro de los Hechos parece sugerir que este episodio ocurrió después de que Pablo ya hubiera estado en Corinto durante cierto tiempo, donde pasó un total de dieciocho meses (Hch 18,6-11 []). De aquí que pueda fecharse la estancia en Corinto entre finales del año 50 y el año 52 d.C.

                 Dado que esta inscripción nos da una fecha más segura de la primera visita de Pablo a Corinto, digamos que en el año 51 (seis meses arriba o abajo), podemos reconstruir el resto de su ministerio, al menos en términos generales, relacionando las otras fechas aproximativas que podemos colegir de la carta a los Gálatas. Es evidente que tenemos que contar con el carácter impreciso de la información; por consiguiente, es habitual admitir una variable de tres años con respecto a las primeras etapas de su ministerio [Basándonos en el modo utilizado antiguamente para medir el tiempo, la frase "después de tres años" podría significar "algo más de dos años". De igual modo, no resulta claro si la frase "tras catorce años" (Gál 2,1) incluye o no los "tres años" (Gál 1,18). En general, se asume que los tres años están incluidos en los catorce, y que, por consiguiente, la fecha es algo posterior]. A partir de estos cálcuos, podemos presentar las siguientes fechas aproximadas del ministerio de Pablo:

"Conversión" o "llamada" (comienzo de la etapa I)             ca. 35 (o, tal vez, 32).

Primera visita a Jerusalén (comienzo de la etapa II)              ca. 37 (o, tal vez, 34-35).

Segunda visita a Jerusalén (la "asamblea")                            ca. 47-48 (la "asamblea").

Confrontación en Antioquía y partida para la misión
egea (comienzo de la etapa III)                                                  ca. 48/49.

Llegada a Corinto                                                                        ca. 51.

                   Para terminar, hemos de decir que todas las cartas auténticas de Pablo datan de la etapa egea de su ministerio (III), que comienza con su partida a Antioquía tras la confrontación con Pedro (Gál 2,11-14). Podemos deducir de los comentarios de cada una de las cartas cierta información sobre el momento y el lugar en el que se escribieron. Por ejemplo, parece que 1 Tes fue su primera carta, que escribió mientras estaba en Corinto en su visita inicial a Grecia. Por consiguiente, podemos comenzar a fechar sus cartas a partir de ésta, tal como veremos.

sábado, 8 de febrero de 2014

El ministerio de Pablo.

                En primer lugar, trataremos de comprender a Pablo estudiando su biografía y el lugar que ocupó en las primeras décadas del movimiento de Jesús. También es importante que reconozcamos el legado de Pablo a las generaciones posteriores, cuando fue considerado como un personaje clave en la transformación del movimiento en un fenómeno predominantemente gentil y en la separaciónd el cristianismo de la matriz del judaísmo. Regresaremos sobre estas cuestiones en las secciones posteriores de nuestra obra, cuando abordemos el tema de las cartas que se escribieron con su  nombre (cuadro 7.1).

                  Para reconstruir su vida y su ministerio, hemos de estudiar también las diferentes formas en que fue percibido desde su momento histórico hasta que se convirtió en un personaje legendario.

                  Poseemos dos fuentes principales de información sobre la vida de Pablo. La más conocida es el libro de los Hechos [http://www.hechosdelosapostolesindice.blogspot.com.es/]. Puesto que presenta una narración fluida del ministerio de Pablo, ha sido habitual comenzar con lo que se dice sobre su vida y, posteriormente, encajar o poner en relació las cartas con este contenido. Una vez más, descubriremos que la realidad es más compleja. El libro de los Hechos no nos cuenta lo que le ocurrió tras su viaje a Roma ni cómo murió. Ya en el siglo II se produjo un deseo en el cristianismo primitivo de concluir el relato de sus fundadores y héroes desde el comienzo del movimiento. Y lo llevaron a cabo mediante la creación de versiones retocadas de los "hechos" de cada uno de los apóstoles. Se escribieron una de Pedro y otra de Pablo, en donde se contaba cómo murieron estos apóstoles como gloriosos mártires en Roma tras el incendio provocado por Nerón en el año 64 d.C. La tradición de la iglesia local de Roma conservó vivas estas leyendas, que, en sí mismas, apenas tienen ningún fundamento histórico.

                 En suma, no sabemos con precisión cuándo ni cómo murió Pablo. La mayoría sostiene que moriría algún momento entre los años 60 y 62 d.C., poco tiempo después de que abandonara Corinto para dirigirse a Jerusalén y a Roma. Tampoco sabemos con certeza cuándo nació. En una ocasión se refiere a sí mismo dicieno que era un "anciano" (Flm 9 [9prefiero rogártelo apelando a tu caridad, yo, el viejo Pablo, ahora además preso por el Mesías Jesús.]). Por tanto, podría tener entonces unos cincuenta o sesenta años, lo que situaría su nacimiento entre los años 5 a.C y 5 d.C., y lo haría casi contemporáneo de Jesús. Los Hechos dicen que era un judío de la diáspora que nació en Tarso, en la provincia romana de Cilicia, aunque también fue formado en Jerusalén por el maestro fariseo Gamaliel (Hch 22,3 [3 - Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad; como alumno de Gamaliel, me eduqué en todo el rigor de la Ley de nuestros padres, con tanto fervor religioso como vosotros ahora.]. El mismo Pablo no confirma estos datos, aunque sí dice que había sido un devoto fariseo antes de convertirse al movimiento de Jesús (Flp 3,5 [5circuncidado a los ocho días de nacer, israelita de nación, de la tribu de Benjamín, hebreo de pura cepa y, por lo que toca a la Ley, fariseo;]).

                 El relato que sobre la vida de Pablo encontramos en Hechos tiene que vérselas también con otros problemas históricos procedentes de las propias afirmaciones que hace en sus cartas (Cuadro 7.2):


Encontramos un buen ejemplo en lo que se dice sobre sus visitas a Jerusalén. Según Hechos, Pablo realizó cinco importantes visitas a Jerusalén tras convertirse en seguidor de Jesús. Hch 9,19-20 [19 Luego tomó alimiento y le volvieron las fuerzas. Pasó unos días con los discípulos de Damasco, 20 y muy pronto se puso a predicar en las sinagogas sobre Jesús, afirmando que éste es el Hijo de Dios.] nos informa de que la primera de estas visitas tuvo lugar casi inmediatamente después de su conversión en Damasco y de que Bernabé lo presentó a los seguidores en Jerusalén. Posteriormente, estuvo predicando durante un tiempo. He aquí el fragmento central del relato de Hch 9:

Hch 9,26-28: 26 Llegado a Jerusalén, trataba de juntarse a los discípulos; pero todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera discípulo.
             27 Entonces Bernabé lo acogió, lo presentó a los apóstoles y les contó cómo había visto al Señor en el camino y que le había hablado, y cómo en Damasco había predicado con valentía sobre la persona de Jesús.
            28 Saulo iba y venía con ellos en Jerusalén predicando con valentía sobre la persona de Jesús. [Texto utilizado la Nueva Biblia Española.]

                   El propio relato que hace Pablo en su carta a los Gálatas es bastante diferente en varios aspectos:

Gál 1,15-24: 15Y cuando aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia se dignó 16revelarme a su Hjo para que yo lo anunciara a los paganos, no consulté con nadie de carne y hueso ni tampoco 17subí a Jerusalén para ver a los apóstoles anteriores a mí, sino que inmediatamente salí para Arabia, de donde volví otra vez a Damasco.
18Después, trea años más tarde, subí a Jerusalén para conocer a Pedro y me quedé quince días con él. 19No vi a ningún otro apóstol, excepto a Santiago, el pariente del Señor. 20Y en esto que os escribo Dios me es testigo de que no miento. 21Fui después a Siria y Cilicia. En cambio, 22las comunidades cristianas de Judea no me conocían personalmente; 23nada más oían decir que el antiguo perseguidor predicaba ahora la fe que antes intentaba destruir, 24y alababan a Dios por causa mía. [Texto utilizado la Nueva Biblia Española.]

                     Aunque admitiéramos que el marco temporal de Hechos, que describe su estancia en Damasco como "bastante tiempo" (9,23), se corresponde con los "tres años" mencionados por Pablo (Gál 1,18), lo que parece improbable, aún tendríamos que explicar algunas discrepancias fundamentales. Hechos no dice que fuera a Arabia y retornara después a Damasco. Además, Pablo afirma rotundamente que no consultó a nadie de Jerusalén hasta que pasaron tres años; sólo estuvo dos semanas y únicamente vio a Cefas (Pedro) y a Santiago, el hermano de Jesús. El resto de las iglesias de Judea solamente habían oído hablar de él. De hecho, el propio relato que hace Pablo de su primera visita -después de tres años- está más de acuerdo, en cierto modo, con la "segunda" visita que se menciona en Hch 11,29-30 [29 Los discípulos, sin embargo, decidieron mandar un subsidio, según los recursos de cada uno, a los hermanos que residían en Judea:
30 así lo hicieron, enviándolo a los responsables por mano de Bernabé y Saulo.]. Parece, por tanto, que el libro de los Hechos ha añadido una visita extra al comienzo, tal vez para presentar a Pablo en estrecho contacto con la iglesia de Jerusalén. Lo mismo cabría decir de la "cuarta visita" de Hch 18,22 [22 desembarcó en Cesarea, subió a saludar a la comunidad, y luego bajó a Antioquía.], que constituye una pausa entre los denominados segundo y tercer viaje misionero. No existe correspondencia alguna con los datos que hallamos en las cartas paulinas. Efectivamente, el contexto de las cartas parece excluir tal interludio o pausa para realizar una visita a Jerusalén o Antioquía.

                  En Hechos encontramos dos visitas más de Pablo a Jerusalén que coinciden bastante mejor con su propio relato, al menos en lo que respecta a su cronología básica. Una es la "asamblea" sobre los gentiles conversos (Hch 15,1-19 [ ]; Gál 2,1-10 [, ]), la "tercera" visita según Hechos. Aun así, Pablo afirma claramente que éste fue su segundo viaje a Jerusalén y que fue él, no los dirigentes de la iglesia de Jerusalén o Antioquía, quien tomó la iniciativa. También dice que se encontró "en privado" con los dirigentes de Jerusalén -es decir, con Pedro, Santiago y Juan (Gál 2,2-9 [ , ])-, mientras que Hechos sugiere que los mismos dirigentes habían reunido a los "apóstoles y ancianos" para que escucharan la discusión. La última visita (Hch 21,17-37 [ 
  ]) se corresponde con la que Pablo menciona como un proyecto (Rom 15,25-33 []), pero no cuenta en ningún lugar lo que realmente ocurrió cuando llegó. Sin embargo, hay una diferencia notable: Pablo afirma claramente que el objetivo de esta última visita era llevar una colecta para los pobres, mientras que Hechos menciona una ayuda contra el hambre en relación con una visita anterior (Hch 11,30 [30 así lo hicieron, enviándolo a los responsables por mano de Bernabé y Saulo.]). Así pues, en los dos casos nos encontramos con ciertas diferencias en el relato de Hechos, aunque los acontecimientos fundamentales se ven confirmados por las propias cartas de Pablo.

                   Como consecuencia del estudio riguroso de estas importantes diferencias, los especialistas de Nuevo Testamento han llegado a la conclusión de que hemos de reconstruir el ministerio de Pablo a partir de las mismas cartas, relacionando posteriormente los sucesos descritos en Hechos en el momento y el lugar en donde parezcan encajar mejor. A partir de las afirmaciones de carácter autobiográfico de la carta a los Gálatas, nos es posible trazar la siguiente cronología básica sobre las etapas principales de su ministerio (cf. cuadro 7.3).


PABLO: SU VIDA E IMPORTANCIA.

                  Tal vez, más que cualquier otro personaje de los primeros momentos del movimiento de Jesús, Pablo destaa como el que lo catapultó a un nuevo nivel gracias a su misión dedicada a quienes no eran judíos. Al menos ésta es la opinión tradicional. En esta perspectiva, se le ha llamado el "primer cristiano", el "segundo fundador" y el "helenizador" del cristianismo. Sin embargo, el cuadro real es algo más complejo.

                  Este modo de comprender la figura de Pablo tiene ya más de un siglo y manifiesta que se produjeron algunos cambios importantes a la hora de interpretar su vida y su obra. Sobre todo, se cayo en la cuenta de que el mismo Jesús era judío y, como corolario, de que el movimiento primitivo mantuvo su identidad esencialmente judía durante algún tiempo antes de transformarse en una religión independiente. La "Iglesia cristiana" no irrumpió simplemente en la escena como una institución religiosa plenamente desarrollada e independiente en un momento determinado, es decir, cincuenta días después de la muerte de Jesús. Aún seguía siendo una secta judía, tal como vimos con anterioridad.

                 Sin embargo, admitido esto, queda pendiente la cuestió de cómo se produjo esta separación, a la que tradicionalmente se responde atribuyendo a Pablo su realización. Adolf Karnack, a principios del siglo XX, expresaba una opinión que casi todo el mundo compartía:

                 Fue Pablo quien liberó a la religión cristiana del judaísmo... Sin violentar los aspectos internos y esenciales del Evangelio -la fe incondicional en Dios como el Padre de Jesucristo, la confianza en el Señor, el perdón de los pecados, la certeza de la vida eterna, la pureza y la fraternidad-, Pablo lo transformó en una religión universal y puso las bases de la gran Iglesia... Cuando se produjo la ruptura con la comunión nacional judía, no quedaba ya duda alguna sobre la necesidad de crear una nueva comunidad en oposición a la primera. La propia consciencia y la fuerza del movimiento cristiano se desplegó en la creación de la Iglesia, que se reconoció como el verdadero Israel... Hemos visto que a lo largo de [el período apostólico] el Evangelio se separó de la matriz del judaísmo y se ubicó en el enorme campo del imperio grecorromano. El apóstol Pablo fue el principal agente de esta tarea, dando, por consiguiente, al cristianismo su lugar en la historia del mundo [Adolf Harnack, What is Christianity?., 1902, reimpresión Harper Torchbooks, Nueva York 1957,pp. 176.180.182.190].

                Aunque esta perspectiva se mantiene en algunos círculos teológicos, lo cierto es que no se corresponde con la reciente investigación histórica sobre el Nuevo Testamento. Señalemos algunas de las razones:

                1. Pablo no fue el "helenizador" del movimiento de Jesús. Antes, e independientemente, de Pablo existía una vigorosa interrelación con judíos grecoparlantes y con no judíos. El documento Q refleja ya estas tendencias: además, desde el primer momento existió una importante comunidad de Jesús en Alejandría. Ninguna de estas ramas del movimiento primitivo tuvo algún contacto, que pueda detectarse, con Pablo ni tampoco ninguna influencia suya. Al escribir su carta a las iglesias de Roma, Pablo deja claro que nunca había estado en Roma (Rom 1,9-14; 15,22-24). Por tanto, es evidente que no fue responsable de la creación de las congregaciones de Roma, algunas de las cuales llevaban funcionando bastante tiempo.

               2. Pablo no fue el "segundo fundador" del movimiento. Esta idea se basaba en el falso presupuesto de que, con anterioridad a Pablo, el movimiento de Jesús era aún bastante monolítico y estaba, por así decirlo, estancado teológicamente en el contexto social judío de sus enseñanzas originales. De aquí que se viera a Pablo como aquel que rompió su estancamiento. Sin embargo, como ya vimos, existió una considerable diversidad en el movimiento desde el principio y ya se profundizaba en sus ideas según los nuevos contextos sociales y culturales. Había discípulos grecoparlantes en Antioquía antes de que llegara Pablo. Es probable que el mismo Pablo contactara con el movimiento una vez que se había desplazado a las zonas judías grecoparlantes. Tampoco el carácter judío de la secta fue un impedimento para la diversidad y la indagación teológica. Más aún, Pablo no iventó la "Iglesia" ni como término ni como forma de culto y organización cristiana. Muchos de estos elementos, al menos durante la primera generación, procedían directamente de la práctica judía.

             3. Pablo no fue el "primer cristiano". De hecho, Pablo nunca utilizó el término "cristiano". Más bien, se consideraba un judío piadoso que había sido llamado por Dios, mediante Jesús, para llevar este nuevo mensaje a los no judíos. Por tanto, Pablo mantuvo una identidad totalmente judía, aun cuando discutiera con Pedro, Santiago o cualquier otro de los seguidores judíos más rigoristas del movimiento de Jesús. Así pues, hemos de ver a Pablo como un miembro de la diversidad sectaria del movimiento que le dio vitalidad y abrió nuevos horizontes.